Y si...
- 8 jun 2017
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Aquí estoy, otra vez, pensando en que hacer con mi futuro. ¿Vivir un año fuera de mi pueblo, de mi entorno, o quedarme? ¿Poner mi mundo, mi vida, mi todo, patas arriba o seguir como siempre? ¿Dejarlo todo atrás e ir a un sitio desconocido o continuar con mi vida como si nada? Muchas preguntas vienen a mi mente. El miedo al cambio está latente en mi día a día.
¿Y si me encuentro a mi misma en un lugar totalmente desconocido? ¿Y si todo sale mal? ¿Y si no me adapto a ese extraño entorno? Pero… ¿Y si sí? ¿Y si todo sale bien?
La vida consiste en tomar decisiones, una detrás de otra, y alguna de ellas lo puede cambiar todo en un instante. Esto es así. La cosa más insignificante, como una simple mirada llena de brillo y dulzura o una simple palabra dicha a tiempo, puede cambiarte la vida en un abrir y cerrar de ojos. Cuando menos te lo esperas, ocurre algo que cambia todos tus esquemas, todos tus planes. Ese algo te hace adentrarte en una gran aventura que no sabes cómo va a terminar. Una gran aventura llena de sorpresas inimaginables.
¿Qué me deparará el futuro si digo sí? ¿Y sí me equivoco? ¿Y si ese lugar no es para mí? Pero… ¿Y sí me encanta aquello? ¿Y si luego no quiero volver?
Quién sabe a dónde nos llevarán las decisiones que tomamos. Un simple sí o un simple no puede dar la vuelta a toda nuestra vida, ya sea para bien o para mal. Los cambios nos ponen a prueba. Pero la realidad es que, a veces, y lo digo por experiencia, los cambios que más nos asustan puede que lleguen a ser lo mejor que hagamos en nuestra vida. La confianza en uno mismo es la clave del éxito.
¿Y si acepto?
Decidido. Voy a vivir, a atreverme, y que pase lo que tenga que pasar. La vida me esta dando una oportunidad que no puedo dejar escapar, porque luego, si la dejo esfumarse, los y si… me perseguirían. No quiero tener 60 años y pensar qué habría sido de aquella chica de 21 años que tubo la oportunidad de dejarlo todo atrás, de cambiar de aires por un tiempo, de irse y… se fue. Vivió, cayó, se levantó, se hundió, abrió las alas y siguió adelante.
No hay que tener miedo de equivocarnos, pues siempre podemos aprender algo nuevo. De las más dolorosas heridas, créeme, nace el más valioso aprendizaje. Porque, ya lo decía Bruce Lee, “vale más tener cicatrices por valiente que piel intacta por cobarde”.
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